Hoy en día hablar de fe es motivo de burla para
algunos.
La consideran un “chiringuito», una triste opción
a la que los jóvenes tienden a agarrarse.
Tal vez, quien se mofa… no ha tenido
la necesidad de sostenerse en ella.
Puede que la vida nunca le haya puesto ante un
desafío.
Se define como fe, la creencia o confianza
firme en algo o alguien.
A veces sin la certeza o necesidad de pruebas
físicas o racionales.
Aun así… sostiene.
La vida me ha demostrado que el camino
no es una línea recta.
Hay subidas…. Bajadas…
Es ahí, donde no puedes más y todo se rompe,
cuando necesitas agarrarte a algo más grande
que tú. Aquello que sabes que no va a
quebrarse si tú te caes.
Eso para mí es la fe.
Una fe que duda, que no es perfecta,
pero que oye el susurro:
“No te rindas. Tú puedes. Aguanta.”
En ese susurro hay algo más grande….
Una presencia que me sostiene cuando las
fuerzas fallan.
Algunos lo llaman de diferente forma…
Para mí, es Dios.
Ese amor con el que yo conecto, que
me devuelve a mí, a mi centro, a mi calma.
A saber que aún me quedan fuerzas dentro.
Eso hace que vuelva a ponerme en marcha, tal
vez rota o con un sin fin de dudas…. Pero sigo.
Continuo sosteniendo mis días, sin rendirme.
No todo el mundo puede entender lo que es
caminar en la fe.
La fe no se explica…
Se vive.