El Rey de las tres princesas

El Rey de las tres princesas

Había sido un fin de semana de lo lindo. ¡Dos comuniones seguidas! Todo estaba revuelto, desde el sábado bien temprano, ropas, pinturas, duchas a la carrera, todo listo para acabar el fin de semana hartos de comer, beber, reír y celebrar las dos comuniones de los primos Alba, el sábado y Tomás, el domingo. 

Es un placer acudir a una reunión donde todos estamos juntos y pasamos un buen rato. Aquel fin de semana de mediados de mayo ya olía a verano. Solo quedaba una duda en el aire… ¿Cuándo llegaría el nuevo miembro de la familia?

Nadie sabía si sería otra niña, todo apuntaba que sí, y después del susto que nos dio la pequeña María que no quiso esperar más de siete meses para salir y conocer mundo, ver a su madre con esa panza tan gorda nos hacía pensar que quien allí crecía sería bien largo y gordote. Así, con la esperanza de que mañana tal vez saldríamos de dudas y con la resaca de un fin de semana inolvidable nos fuimos a dormir.

Por la mañana dieron la noticia. El reloj no marcaba las ocho cuando mi móvil en la mesilla empezó a vibrar.

-¿Qué hacéis?  ¿No oís los whassapp? -Sara me habla desde el otro lado-. Ya está aquí, el niño ya está aquí.

-¿Cómo?¿Pero no era una niña? -digo medio dormida mientras papá y mamá saltan de la cama.

-Un niño, Sonia, de unos cuatro kilos, que casi nace en el coche -cuenta-. Juanjo ha cruzado Sevilla casi volando. Manuel dijo a salir y no hubo quien lo parase.

En ese momento, en el móvil, me salta la fotografía de un pequeño con un gorrito blanco, unos mofletes para comérselos y unos ojos abiertos llenos de vida  que me miran descarados.

Allí estaba Manuel Bote Mialdea, el primer varón. El rey de la casa. El dueño de un castillo de tres princesas.

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