Cultura sorda: Escuchar con el corazón
Como todos los años, la última semana completa del mes de septiembre, el mundo se para para escuchar desde el corazón.
Se celebra la semana internacional de las personas sordas, impulsada por la Federación Mundial de Personas Sordas quien en 1958 comenzó a dar visibilidad a la cultura sorda, el uso y reconocimiento de la lengua de signos y la lucha por la igualdad de oportunidades.
La pérdida auditiva o hipoacusia, es mucho más que no oír bien. Se define como la dificultad para oír sonidos en uno o en los dos oídos. Leve o profunda, condiciona la forma en la que una persona se comunica, aprende y se relaciona.
La Organización Mundial de la Salud considera discapacidad auditiva una pérdida de audición de más de 25 decibelios. Y aunque esta condición no se ve, limita.
Aún así, muchas personas sordas no se reconocen como discapacitadas, sino miembros de una comunidad que escucha con una mirada, unas manos que hablan y un corazón que siempre dice la verdad.
Con identidad propia
Muchos de nosotros estamos casi convencidos de que el lenguaje de signos es un sistema de gestos o un tipo de ayuda audiovisual. Pero es mucho más que eso. Es el principal vehículo de comunicación, lenguaje e identidad que caracteriza esta cultura.
Más de 100.000 personas en España utilizan esta lengua no universal a diario. Dos son las que conviven en nuestro país. La Lengua de Signos Españolas y la Catalana, ambas completas, ricas y con gramática propia. Con derecho a ser reconocidas y utilizadas con libertad.
Una forma de vida
Son casi nueve millones de personas las que tienen como principal medio de comunicación el lenguaje visual.
De esta forma nacen unos valores y costumbres que se convierten en cultura sorda, un espacio donde se comparten experiencias, se transmiten tradiciones, se crean formas de adaptación y se tienden puentes con la cultura oyente.
Es también lucha por la accesibilidad, educación y participación social.
Barreras que aún persisten
Aunque hay avances, todavía el camino es largo para este colectivo.
El lenguaje de signos necesita más presencia en organismos públicos.
Contar con intérpretes cualificados en todos los ámbitos.
Dar visibilidad en medios de comunicación.
Desarrollar tecnologías accesibles.
Romper estas barreras debe ser un compromiso colectivo.
Incluir es más que “permitir estar”.
Exige empatía y accesibilidad real. Garantizar que todos podemos expresarnos, participar y vivir en igualdad.
El lenguaje de signos no es un complemento. Es voz, identidad, vida.
Merece ser escuchada …. Con el idioma del corazón.