Se despertó de su siesta, tranquilo, como suele ser él. Se levantó e inspeccionó que todo estaba en orden. Ella viendo la televisión, Aisha y Romeo, en sus cómodos asientos.
Con su habitual parsimonia y una seguridad adquirida de una exquisita formación, se asoma curioso al diminuto balcón que da a la calle, vigilando, como siempre, cualquier anomalía. Contento, mueve su cola mientras yo, desde el otro lado de la calle, le llamo la atención. Sin embargo, no soy yo el motivo de su alegría, él sabe que ha llegado la hora.
Minutos más tarde, acompañando a Sara, Curro, mi vecino, un gran labrador y excelente perro guía, sale en busca de su ansiado paseo.
