En lo más profundo de nosotros, se encuentran tesoros incalculables, nuestros valores, cualidad que se aprecia en una persona.
Ideas que tienen las distintas sociedades y culturas sobre lo que se considera correcto. Nos acercan a lo que es y no es acertado. Aquello donde se ancla la convivencia entre unos y otros.
Valores como respeto, amor, solidaridad, justicia y empatía, hacen que empecemos por conocernos primero a nosotros mismos para así determinar nuestro rumbo, dándole forma a nuestros ideales, orientando nuestro comportamiento, haciéndonos responsables de nuestras decisiones.
El problema viene cuando, como nos está pasando ahora, los antivalores, la falta de estas cualidades, campan a sus anchas entre todos y cada uno de nosotros haciendo que perdamos esa empatía tan necesaria para poder lograr un fin común.
¿Qué produce entonces la falta de valores? Puede que sentarnos a la mesa con la crispación servida con el menú del día, la falta de oportunidades en nuestras carteras, el egoísmo y la intolerancia pululando en el ambiente, sean algunos de los factores que nos lleven a situaciones indeseadas y fatales para nosotros mismos y para los demás.
Tal vez debamos detenernos solo un momento. Parar, analiza donde fallamos, empezando por saber quiénes somos y dónde queremos llegar, cómo y a qué precio. Aprender de nuestra experiencia; saber si aquellos que nos rodean son o no guías adecuados; estar siempre abiertos a nuevos conocimientos que nos ayuden a tomar la senda correcta.
Einstein nos aconseja una vida basada en integridad y principios sólidos, no dejándonos llevar por el efímero éxito.
Los valores nos ayudan a vivir…Cultivémonos pues de ellos.
