Tres palabras y un solo destino, tú

¿Quién no ha visto aún Come Reza, Ama?

 Esta película que protagonizó Julia Robert en 2010, se  basa en la historia de Elisabeth Gilber, una mujer que lo tenía todo , pero que, tras su divorcio, decidió renunciar a lo que poseía para reencontrarse a sí misma. Liz, como la llamaban, viajó a Italia,donde por medio de sensaciones descubrió lo importante que es cuidarse, disfrutar y  simplemente ser. En India, centrada en su espiritualidad, encuentra el perdón, y la hace conectar con algo más grande que ella misma. Por último, en Indonesia, a través del amor, encuentra el equilibrio que tanto buscaba entre el placer y la espiritualidad. 

Liz, como la llamaban,  empezó un viaje transformador que la llevó  a Italia,donde por medio de sensaciones descubrió lo importante que es cuidarse, disfrutar y  simplemente ser. En India, centrada en su espiritualidad, encuentra el perdón, que la hace conectar con algo más grande que ella misma. Por último, en Indonesia, a través del amor, encuentra el equilibrio que tanto buscaba entre el placer y la espiritualidad.

Y es que, ¿cuántas veces nos hemos sentido así? Perdidos, sin encontrar ese equilibrio, ese centro que nos ancle a nosotros mismos. Un espacio interior que nos haga resilientes y florecer incluso en la adversidad.

Inspirándonos en esas tres palabras, Comer, Rezar, Amar,  podemos encontrar ese pilar que nos haga crear nuestro propio equilibrio físico, psíquico y espiritual. Algo fundamental si queremos conseguir una vida plena y satisfactoria.

Se dice que alimentar el cuerpo es honrar el templo en el que habitamos. Este es uno de los mayores actos de amor hacia uno mismo. No se trata solo de alimentarnos, sino de sustentarse de todo aquello que lo nutre de verdad. Disfrute, descanso, movimiento, calma…

Nuestro espíritu nos recuerda quienes somos más allá del ruido: Rezar, meditar, reflexionar. No se trata de religiones, sino de conectar y regresar a  uno mismo por medio del silencio, la naturaleza, la fe, el arte, tener un propósito que nos guíe.

El amor es la fuente de todo. Un puente entre el yo y el nosotros… El amor propio, la  empatía, conectar con los demás. Aquello que da fuerza, sentido y refugio.

Cuidar estas tres dimensiones es una gran forma de sanar, crecer y avanzar.

Ser valientes, conocerse, aceptarse y superarse.

Una manera de volver a casa.