Progresar o silenciar

Progresar o silenciar: Risas moviles y silencios

Hace unos días mi hermano nos hizo una visita. Con él vinieron mis sobrinos, niña y niño de 7 y 6 años respectivamente. ¡Me encanta escucharlos! Sus risas, sus carreras por el largo pasillo…. La casa cobra vida. Se llena de alegría, juegos,… y móviles.

 Sí, lo reconozco: también caí.

 Para entretenerlos un rato, para tener un respiro o simplemente para que los adultos pudiéramos conversar con tranquilidad.

Y es que, como en tantos otros ámbitos, los avances tecnológicos han llegado para quedarse. También se han instalado dentro de la educación y en la vida familiar. No está nada mal que la tecnología se ponga al servicio de nuestros niños y niñas. El problema aparece cuando el orden se invierte y son ellos quienes quedan al servicio de las pantallas.

Son muchas las ventajas que la tecnología proporciona: acceso a la información, desarrollo de habilidades cognitivas, comunicación, creatividad… Pero la contrapartida existe y no debe ignorarse. El uso inadecuado o excesivo genera impacto en la salud. Favorece el aislamiento y la exposición a contenido inapropiado.

Organismos como  UNICEF nos recuerdan que la infancia también necesita protección en el entorno digital. Cuando hablamos de niños, el progreso debe proteger, no dominar.

El papel de los padres  como referentes en esta era digital es crucial. Ser adulto no significa ser  un experto en la materia, puede ser que el ejemplo sea el mejor aliado, si en el caso de los mayores, sabemos controlar el uso de móviles delante de nuestros niños.

Educar en digital también es un “no”. Los límites no castigan, protegen. Deben ser coherentes, acordados, adaptados a la edad y momento de cada niño.

Un niño que se siente vigilado no confía. Proteger también es estar y acompañar.

Se debe compartir tiempos de pantallas. Afrontar dudas o emociones que surjan. Despertar la mirada crítica desde pequeños.

Prestar atención a los menores en situación de vulnerabilidad, tal y como nos dice UNICEF. 

Vuelvo a los días que he pasado con mis sobrinos. A sus risas y carreras, a esos ratos en los que el móvil devolvió el silencio a casa. No es un error, no es un fracaso, solo una escena real compartida seguramente por muchas familias.

El problema no es si el progreso protege o domina, sino si es herramienta o sustituto. Apoyo puntual o refugio permanente.

¿Esta era digital cuida a nuestros hijos o simplemente los mantiene en silencio?

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *