La tristeza
Triste estaba la mañana. Gris, airosa, amenazante de lluvia. Pero ella, tras una semana de encierro voluntario, no se resistió a que el aire le diera en el rostro. Necesitaba respirar.
Sus ruedas la llevaron a ver a la patrona. Dio la vuelta al coso taurino y recordó la vez que el grupo flamenco Siempre Así la hizo bailar en aquel ruedo una noche de agosto. Ahora, aún desperezándose, aquel recinto solo atisbaba a los que, como ella, pasaban por delante de él en bicicleta para matar el tiempo.
Salió del atrio apabullada por el lamento de los árboles que custodiaban la ermita… Después… La tristeza.
Bajando la calle más comercial del pueblo acompañada por el silencio de un sábado frío, cerrado y casi confinado. Los lazos negros en los escaparates de las tiendas cerradas y oscuras envidian a los comestibles, farmacias o estancos que prestan servicios esenciales. Recordó los días infinitos de balcón cuando alguien, tal vez con su negocio cerrado, apoya sus brazos en la baranda de su terraza mirando a la nada mientras le da una calada a su cigarrillo.
Su destino se detiene ahora en el parque. Aquel que todo el verano llenó sus noches. Ahora sus sillas vacías, al igual que el banco en homenaje a Carolina Coronado enjuga lágrimas de lluvia… ¿Cuándo volverá el murmullo de la gente?
Siguió su ruta y el corazón se le encogió al escuchar aquel lamento. ¿De dónde provenía? Lo quiso buscar, pero no lo encontró. Se detuvo a escuchar atenta otra vez. ¿Dónde estaba? Allí lo encontró. Las sombrillas dormidas de las terrazas de los bares cerrados se quejan llorosas al ritmo del movimiento que el viento provoca en las cadenas que las atan y les impiden mostrar su mejor sonrisa.
Sintió tristeza. Esbozó una sonrisa al recordar como los hombres se arremolinaban en corro en torno al bar de siempre. Nostalgia de una rutina rota por una guerra invisible y maldita.
Observó gente triste, dolida, enfadada, que como nómadas caminan perdidos en sus pensamientos.
Volvió a casa, su refugio, anhelando que la tristeza de aquél día tornase en esperanza.

