Me dejé llevar por sus risas

Me dejé llevar por sus risas

Llegaron del colegio exhaustas. Sobre todo su hermana, que las dos últimas horas de clase tiene educación física y no es su asignatura preferida.

Como todos los viernes, vienen a comer a casa de la abuela así, en estos tiempos de pandemia y distancias, verlas crecer aunque solo sea a ratitos como ese, es alimento de vida.

Ese viernes no era como los demás, al día siguiente ella y sus compañeros de clase harían su primera comunión. Los nervios de última hora estaban a flor de piel. Esperaban ansiosas la llegada de los primos y todas las sorpresas que podría deparar un día como ese.

En el transcurso de la comida mientras reían con un video gracioso de tick tock me dejé llevar por sus risas y volví al principio. A un cálido 13 de noviembre o a un 29 de agosto donde las vi por primera vez sin ni siquiera imaginar que sería eternamente joven al lado de ellas. Una lágrima quiso traicionarme al recordar la primera vez que cada una recorrió  el largo pasillo hasta mi  habitación y los miles de juegos, deberes, risas y tantas otras historias que allí  compartimos en aquellas tardes mientras que sus padres trabajaban.

En la sobremesa como tantas veces se sentaron junto a mi. Esta vez eran ellas las que me sorprenderían dándome lecciones sobre reels, filtros y efectos necesarios en tiempos de redes sociales. Ya, casi adolescentes, son ellas las que me enseñan nuevos pasos de vida.

Quisiera detener el tiempo. Hacer que su frescura quedara en cada recoveco de mi historia y sus sonrisas de niñas no se perdieran.

Me deje llevar por sus risas que, sin ellas saberlo, llegan a mi corazón como suaves caricias.

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