¿Cuál buscas tú?

Hace algún tiempo una de mis lecturas me invitó a que, antes de seguir leyendo, reflexionara sobre lo que significa para mí el amor. Casualidades de la vida, hace unos días ese pequeño ángel alado con arco y flechas revoloteaba por cualquier rincón buscando un corazón bohemio que se prestara a su juego.

Todos sabemos que el 14 de febrero es una fecha cargada de simbolismo, pero también de consumismo. Regalos, fiestas, cenas en torno a Cupido hacen que esos días para muchos negocios sea un soplo de aire fresco y revulsivo para sus economías.

Aún me pregunto qué significa para mí el amor.

Sí, como todo el mundo, creí que me había enamorado de jovencita de aquel chico rubio con ojos azules amigo de mi hermano o de aquel otro que estaba en aquella fiesta de fin de año.

Siempre imaginé un príncipe azul que se enamoraría de mi forma de ser y se quedaría hasta el resto de mis días.

Recuerdo también aquella carta anónima del instituto el día de San Valentín: “Sé que no soy quien tú esperas, pero soy alguien que te quiere mucho”.

Con el paso del tiempo y la madurez que dan los años, he descubierto que el término amor no solo se reduce a dos. Es mucho más amplio… O singular.

Sé que no soy tan mayor como para renunciar a él, ni tan joven como para esperar que llame a mi puerta.

Sin embargo, la vida y su sabia experiencia me han enseñado a que, como a muchas cosas, no hay que buscarlo demasiado lejos…

Basta con cerrar los ojos, sentirlo dentro de ti y querer compartirlo con los demás, sin confundirlo con el deseo. Ese amor del bueno que se transmite sin importar condición. El que empieza por uno mismo, el que te hace aprender a amar a los demás.

Pixabay

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